3 jun. 2010

La "Tigresa", condenada por 23 asesinatos, favorecida por la política de acercamiento al País Vasco de presos críticos con la banda.

Idoia López Rodríguez, en 2001 a su llegada a España. // Efe

B. MÁRQUEZ - PONTEVEDRA Idoia López Riaño, considerada la activista más sanguinaria de la organización terrorista ETA, duerme desde el martes en la prisión de A Lama. Llegó al centro penitenciario en una conducción especial desde la cárcel de Granada, realizada en dos etapas con pernocta en León, según confirmaron fuentes del penal pontevedrés.

Idoia López ocupa una celda en solitario en el área de mujeres de la prisión (módulo 10), en donde hay una segunda etarra. Con su llegada son ahora trece los miembros de la organización terrorista vasca que cumplen condena en A Lama.

El Ministerio del Interior acerca al País Vasco a los presos de ETA que de una forma más o menos abierta mantienen discrepancias con la dirección de la banda. Es una política del Gobierno de Zapatero, pero también lo fue de José María Aznar y Felipe González. El traslado de Idoia López desde Granada a Galicia se interpreta en el marco de esta estrategia. A Lama es un penal previo antes de ir a las prisiones de Zuera en Zaragoza y Villabona en Asturias, que acoge a los condenados más críticos con ETA, y a donde fueron trasladados en los dos últimos meses una docena de presos.

López Riaño –conocida por los apodos de "Tigresa" o "Margarita"– cumple condena en cárceles españolas desde mayo de 2001 cuando se ejecutó la extradición concedida por Francia en enero del año anterior. En el país galo había cumplido cinco años de prisión tras ser detenida en Marsella en agosto de 1994 y ser juzgada por pertenencia a banda armada.

A pesar de que cuando fue detenida en Francia tenía treinta años, Idoia López había desarrollado ya una intensa y macabra carrera como activista de ETA, organización en la que entró de mano de su primer novio, José Ángel Aguirre, con 18 años recién cumplidos.

En doce años de actividad terrorista, Idoia López Riaño, a la que definen quienes la conocen como una mujer "fría y cruel" pero también "sexy y consciente de su atractivo", dejó un rastro de 23 muertos y decenas de heridos de distinta consideración.

Su historial delictivo incluye el atentado con coche bomba contra un convoy de vehículos con guardias civiles en la plaza República Dominicana de Madrid, el 14 de julio de 1986, que se saldó con 12 agentes muertos, decenas de heridos y numerosos daños materiales. Este atentado es el segundo más mortífero de los firmados por ETA, sólo superado un año más tarde por el atentado de Hipercor en Barcelona que arrancó la vida a 21 personas.

En 1986, Idoia López Riaño participó directamente en otros cuatro atentados, tal como se deduce de las distintas sentencias dictadas por la Audiencia Nacional.

Fue coautora, como miembro del comando Madrid, del asesinato del vicealmirante Colón de Carvajal y de su chófer en un ataque con metralletas y granadas; del atentado con coche bomba de la calle Juan Bravo contra un vehículo con guardias civiles que se saldó con cinco agentes muertos y once personas heridas (cuatro guardias y siete transeúntes); del intento de asesinato del entonces presidente del Tribunal Supremo Hernández Gil y de los asesinatos del comandante Sáenz de Ynestrillas, del teniente coronel Vesteira y del soldado Casillas.

Por los atentados del año 1986 suma condenas por más de 400 años de prisión. Pero además se le atribuye, entre otros, el asesinato de Ángel Facal en 1985, al que ETA identificó como un traficante de drogas, y la del ciudadano francés Joseph Couchot, un año antes, por su supuesta condición de confidente del GAL.

En el centro penitenciario de A Lama cumplen a día de hoy condena trece miembros de la organización terrorista ETA. Son presos sujetos a un especial seguimiento y ocupan en todos los casos celdas individuales.

Según fuentes internas de la prisión pontevedresa, los etarras son reclusos que en general no se significan, que pasan inadvertidos, que acatan la disciplina penitenciaria y que apenas se relacionan con los demás presos, en parte porque ellos no quieren y en parte porque los demás internos también los esquivan.

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